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VÍDEOS MUSICALES El 10 de marzo Conchita publica su segundo álbum '4000 palabras'. Con la canción 'Cuéntale' como primer single, el disco continúa una carrera sorprendente y que ha situado a la joven artista como una de las revelaciones de la música española de los últimos años. A continuación puedes ver el videoclip de su nuevo trabajo y un acústico que muestra a la cantante en el proceso de grabación en los estudios.
LANZAMIENTO ![]() “Venía de tocar en locales pequeños ante 90 personas y, de repente, había miles escuchándome. Te sube la adrenalina y he aprendido a defenderme, a disfrutar con mi banda y con mis canciones”, dice Conchita respecto al cambio que ha experimentado su vida y su música. Son las consecuencias del éxito de su primer álbum Nada más, publicado en 2007 y que ha permanecido más de 70 semanas en la lista de los más vendidos en España con un Disco de Platino. Desde entonces, Conchita ha realizado una gira de más de 90 conciertos y ganó en 2008 los Premios de la Música al Artista Revelación y al Autor Revelación, además de un Premio Dial en 2007. “Todo ha sido muy rápido. Llegó de golpe y hasta que no he parado no lo he asimilado. Ha sido un sueño, un cambio para mejor porque puedo dedicarme plenamente a la música” continúa Conchita, que no parece sentirse presionada por el éxito a la hora de componer las nuevas canciones que aparecen en 4000 palabras. “Las he compuesto entre concierto y concierto, en hoteles, en casa... Tenía más de 30 canciones nuevas y hemos elegido 14”, dice. “Me tiene que llegar la inspiración, que no sé como viene. A veces pienso: Tengo que irme a casa porque algo me ronda en la cabeza. Pero no me siento presionada por componer un single de éxito y espero no sentirme nunca. No saldría natural”. 4000 palabras ha sido producido por Juan Luis Giménez (Presuntos Implicados), continuando así una colaboración que dio excelentes frutos en el primer disco. “He tenido mucha suerte porque Juan Luis respeta mi opinión y yo participo todo el rato. No se mete una nota sin que los dos estemos de acuerdo. Son mis canciones y cuando las compongo me imagino como van a quedar. Juan Luis nunca me dice que no, ni yo a él. Siempre probamos. Me dice que parezco un búho, siempre mirando, observándolo todo. He aprendido, tengo un Pro Tools [grabación multipista de audio y midi] en casa y hago pequeños arreglos a mis canciones. Empecé a experimentar y estoy muy contenta”. Las canciones de 4000 palabras mantienen el peculiar estilo de Conchita. “Es un disco más positivo que el primero” asegura. “Para hacer una canción tengo que sentir lo que digo, haberlo vivido. Por eso hablo de las relaciones entre las personas, que pueden ser comunes a mucha gente porque son cotidianas. No fuerzo nada, me saldría un churro. Cada canción representa una etapa, un momento. Hay algunas que he tocado muchas veces en bares (a veces me escapo y canto en sitios pequeños) como Cambiemos la historia, pero otras, como Dónde lo guardo, la compuse una semana antes de grabar. Llamé a Juan Luis y le dije que creía que tenía que estar en el disco”. El álbum comienza precisamente con Dónde lo guardo (“Prometí no dar señales de vida y hasta hace un rato estaba ahí escondida, diciendo a la gente que todo va bien, que cayeron tus ruinas”) y comienzan a asomar esos arreglos de cuerda que recorren buena parte del disco, aquí con aroma beatle en tiempo lento para alegrarse en el estribillo, en una canción de estructura original y diferente. Tanto tiempo (“Tanto tiempo esperando se despistó la razón. Tanto tiempo buscando que por fin me encontré yo”) es otro tema que se separa de lo conocido de Conchita en el primer álbum, con cierto aire cool, guitarras eléctricas y órgano Hammond. Cuéntale (“Ya llegué, me siento despacito frente al ventanal ahora que todo lo malo se quedó mirando atrás. Encontré un folio en blanco donde volver a empezar; sabiendo ya donde me suelo tropezar será más fácil saber por dónde avanzar”) es el primer single del álbum. Sonidos naturales, pianos eléctricos, guitarras vintage que dan a la canción un aire Tarantino, palmas de fondo inspiradas en los tangos flamencos, ambientes estupendamente conseguidos y un colchón sonoro que desvela sin ocultar esa peculiar sensibilidad de Conchita, que dice de la canción: “La hice en un hotel. Era muy tarde y llamó el de la habitación de al lado para pedirme que cantara más bajito. Habla de que a veces parece que hay alguien que mueve los hilos para que todo salga bien y otras, en cambio, que todo se tuerce. Al final, puedo yo sola”. El álbum continúa con Ya pasó (“Y se marchó y se llevó tu ruido; ya se marchó, ya he roto el descosido. ¿Por qué te vas sin avisar?”), con un tratamiento peculiar, que recorre la balada, el medio tiempo y ritmos más vivos, muy bien balanceada con un estupendo arreglo de cuerdas. Un trocito de aire (“Menos mal, por una vez fui un paso por delante. Menos mal que me guardé un trocito de aire por si acaso alguna vez te daba por pensar en cambiarme los planes”) ofrece una manera de componer nueva en Conchita, más rítmica, más enérgica, con un buen y contemporáneo trabajo de las de las guitarras eléctricas. Desde fuera (“Qué fácil se ve todo desde fuera y yo como una tonta en tu sofá”) es otra canción de buena dinámica y tratamiento de los ambientes con imaginación en los arreglos, mientras El manual (“Si te digo que te quiero, que no puedo, que me muero, que te espero, tengo miedo pero siempre estaré ahí. Tú me dices que te agobias, que no puedes, que no quieres, que prefieres me vaya por ahí...”) sorprende con un tratamiento que se acerca al spoken word, mezclado con melodía pop y un vertiginoso y violento pulso rítmico. Palabras tristes o te echo de menos (“Podría ahora hacerte una canción de esas que nadie entiende, cinco minutos de palabras tristes”) es una balada emocionada sostenida por las cuerdas y el piano, a tiempo más que lento. Se cerró la puerta (“Ya se cerró la puerta, ya no está entrebierta, ya no hay nada que decir”) tiene un estribillo que se queda a la primera, de ritmo rápido, de carretera, un ejemplo de composición pop con partes instrumentales, guitarras vintage, el clásico cambio de tono en la mitad del tema y un estupendo trabajo de Conchita en los coros. Una canción de libro con vocación de single. Dicen (“Dicen que se irán los besos, siempre acaban presos en la letra de un bolero. Y yo contesto: yo sé donde van los besos, yo los vi quedarse quietos, entre tu boca y mi cuerpo se perdieron”) contiene uno de los mejores textos del álbum en una canción como abandonada, lenta, melancólica, tierna y muy bien instrumentada que, según Conchita, “es de amor, de mucho amor”. Tan despacio (“Y ahora que la vida se ha vuelto más grande y en medio del mundo ya no eres gigante. Ahora que he logrado ver el mundo desde otro lado”) es una muestra más de la evolución como compositora de Conchita en una canción de estructura compleja. Y en el tramo final del álbum aparece Me voy (“Recojo mis botas, mis libros, mi cepillo de dientes, mi vida, mi abrigo y me voy”), es el contraste con una canción sencilla, cotidiana, con apenas guitarra y saxo. Soy un gato (“Soy un gato, tuve suerte de no ser un ser humano de esos que sólo hacen daño”) sorprende por la composición y el tratamiento, en un tema que, según Conchita, “habla de prejuicios”. Finalmente, Cambiemos la historia (“Me hubiese gustado escribirte esta canción cuando aún tenía sentido, cuando aún podíamos hablar en futuro y tú aún querías estar conmigo”) es un cierre también insólito, que funciona por encima de estilos y que tras comenzar con serenidad se arrebata después en un ritmo trepidante para acabar el disco en lo más alto. Son las 14 canciones de un álbum de título peculiar. “Tenía tres folios con posibles títulos y no me convencían. Siempre me han gustado los números, conté las palabras de las canciones del disco y de ahí salió 4000 palabras”, dice Conchita. Son canciones que mantienen el personalísimo estilo de Conchita, que mezclan ingenuidad, melancolía, fragilidad, enigma, ternura y fortaleza; que hablan de amor y desamor, envueltas en un magnífico tratamiento de los ambientes por la estupenda producción de Juan Luis Giménez y la masterización de Ian Cooper en Metropolis. “No busco diferenciarme. Es lo que sale, casi un desahogo, y es lo bueno”, dice Conchita de las canciones de 4000 palabras. “Las guardo todas, aunque sepa que muchas nunca entrarán en un disco. Son parte de mi vida”. Una vida que ha dado un giro radical en los últimos dos años. “Tocaba en locales pequeños y allí hablaba de letras, de música... Cuando subes un escalón, eso se pierde un poco y me da un algo de pena. Por eso vuelvo siempre a esos bares y entonces siento que todo sigue igual”. Esta cercanía es lo que hace de Conchita una artista que no ha perdido el pulso con todo aquello que la hizo alcanzar el éxito, capaz de conservar la sencillez y mantener la inspiración para componer canciones entrañables, que parecen hechas desde una habitación propia, recostada con la guitarra sobre una cama desordenada. Es el peculiar mundo de Conchita reflejado en 4000 palabras. |
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